Este verano elegimos Fuerteventura para pasar nuestras
vacaciones y reservamos un día para hacer una escapada a la isla vecina.
Decidimos ver Lanzarote en 12 horas.
A pesar de estar de vacaciones decidimos darnos un madrugón
para coger el primer ferry con destino a Playa Blanca. Hay dos compañías que
cruzan el estrecho de la Bocayna: Armas
http://www.navieraarmas.com y
Fred Olsen http://www.fredolsen.es Las dos salen del puerto de Corralejo. Por horarios elegimos ésta última.
Otra razón para levantarnos temprano era llegar pronto a
Timanfaya para evitar las colas que se forman en la entrada. ¡Y lo conseguimos!
Cuando llegamos a la barrera de entrada al parque sólo teníamos un coche
delante de nosotros. Tuvimos que esperar unos 15 minutos y para adentro.
En la taquilla puedes adquirir una entrada única para
Timanfaya o adquirir un bono para entrar en varios centros de arte, cultura y
turismo del cabildo de Lanzarote. Nosotros adquirimos el bono de 4 centros
(Jameos del Agua, Montañas del Fuego, Cueva de los Verdes y Jardín de Cactus).
Precio por adulto: 26 €; niños de 7 a 12: 13 €; y menores de 6 gratis.
+ info: http://www.centrosturisticos.com
Entras en Timanfaya y en seguida llegas al aparcamiento.
Allí esperan los autobuses que hacen el recorrido por las Montañas del Fuego.
Sí, el recorrido por el Parque Nacional de Timanfaya es en autobús. Una voz en
varios idiomas va explicando en cada punto del recorrido aspectos relacionados
con las erupciones volcánicas que crearon el actual paisaje de volcanes y lava
petrificada, la fauna y la flora, cómo reaccionaron los antiguos habitantes de
la isla a las erupciones, etc. El recorrido es muy muy interesante. Se pasan
por diferentes paisajes: por llanuras de lava, por vertiginosas curvas que te
llevan a lo más alto de un volcán, por el interior de túneles de lava… Pocos
años atrás todo Timanfaya ardía sobre la lava recién expulsada. Hoy poco a poco
la vegetación, a base de líquenes principalmente, va colonizando la nueva roca.
Después de hacer la ruta en autobús se puede presenciar una
serie de exhibiciones que demuestran que aún hoy hay cierta actividad volcánica
en la zona. Puedes sentir el calor que emanan las rocas volcánicas de la
superficie; puedes ver cómo se encienden solas unas ramas secas, sólo por el
calor que sale del interior de la tierra; puedes degustar comida asada sobre
una parrilla que se suspende sobre un agujero excavado en la roca; y sobre todo
puedes oír el ruido del agua al salir violentamente en forma de géiser.
Y sí, cierto: Timanfaya en verano se llena rápidamente. Al
salir, aproximadamente una hora y algo después de entrar, ya había una
importante cola de coches esperando para acceder al Parque Nacional.
Nuestro siguiente destino fue la Casa-Museo al Campesino,
ubicado en Mozaga, en el centro de la isla. El acceso es gratuito.
César Manrique diseñó este espacio donde una gran escultura
que representa la fecundidad da la bienvenida al visitante. Llama la atención
la gran luminosidad que tiene el conjunto. Tanto el suelo como las paredes
están pintadas de blanco. Resaltan las rocas volcánicas de color negro que
aparecen en las esquinas de los edificios y el verde de los elementos en madera
como puertas, ventanas y balcones. Aquí se pueden ver diferentes utensilios relacionados con la agricultura y la tradición lanzaroteña. Tiene bar, tienda y
en el interior de una gran cueva hay un restaurante.
Llegamos al norte de la isla para ver Los Jameos del Agua,
también diseñado por César Manrique.
Tanto Los Jameos como La Cueva de los Verdes forman parte de
un tubo volcánico que se creó cuando entró en erupción el cercano volcán La
Corona. Ciertamente son dos lugares muy recomendables para visitar.
Al entrar a Los Jameos del Agua no tuvimos que esperar la
larga cola que había porque ya teníamos la entrada incluida en el bono que adquirimos
en Timanfaya. Este lugar es realmente bello. Impresionante. Al bajar por el jameo
se llega a un lago natural de un agua realmente cristalina habitada por un
pequeño cangrejo ciego de color blanco. Es una especie que sólo existe aquí, en
ningún sitio más. Este peculiar ecosistema es tan frágil que simplemente el
óxido de las monedas pueda matar a los cangrejos. Por tanto, guarda tus monedas
para cuando vayas a la Fontana de Trevi y por favor no las lances al lago.
Después de disfrutar de la paz que emana este lugar se pasa
a otro lago, éste a cielo abierto. De la oscuridad a la luminosidad, donde el
blanco del suelo resalta el azul del agua y del cielo. Todo adornado con una
gran variedad de plantas que hacen del lugar algo excepcional.
Finalmente está el auditorio, construido en el interior del
tubo volcánico. Seguro que debe ser impresionante disfrutar de un concierto en
este lugar tan espectacular.
Dentro de Los Jameos del Agua hay un restaurante y varias
barras con sus correspondientes terracitas desde las que disfrutar de las
vistas tomando algo.
Nosotros en un principio no teníamos muy claro si visitar o
no La Cueva de Los Verdes. Por suerte decidimos entrar y os aseguro que merece
la pena.
Aquí sí que tuvimos que esperar un poco de cola para entrar.
Hay una única fila para los que tienen ya el bono como los que no. El recorrido
se hace con un guía en grupos de 50 personas, creo recordar. Por cierto, la
guía que nos tocó fue excelente. Lástima no recordar su nombre.
Sencillamente entrar en La Cueva de Los Verdes es como hacer
un viaje hacia el centro de la tierra. En general el recorrido es cómodo, pero
hay lugares estrechos o de poca altura que lo hacen más interesante y más
divertido, sobre todo para los más pequeños. Se ve perfectamente cómo la lava
ha formado el túnel a lo largo de una serie de capas. Incluso se ven las gotas
de roca fundida queriendo caer al suelo como si fueran pequeñas estalactitas.
Impresiona pensar en el poder que tiene la naturaleza para generar un túnel
como éste.
Antes de terminar el recorrido nos dieron una pequeña
sorpresa. Evidentemente no puedo desvelarla, sólo invitarte a que la vivas por
ti mismo. Impresiona.
Cerca de Los Jameos del Agua y de la Cueva de los Verdes
está el Mirador del Río, en el extremo norte de Lanzarote. Nosotros decidimos
no visitarlo y bajar hacia el sur de nuevo.
Teníamos referencias de un restaurante en Haría, pero
preferimos aventurarnos y buscar algún lugar para comer de camino a nuestro
siguiente destino: el Jardín de Cactus.
Tuvimos mala suerte, supongo. En Mala, en un restaurante de
cuyo nombre no quiero acordarme, tuvimos la mala fortuna de parar. Sin duda fue
lo peor del día, e incluso de todas nuestras vacaciones.
Muy cerquita, en Guatiza, está el Jardín de Cactus.
En un amplio agujero circular, que evoca los volcanes de la
isla, hay más de 7.000 ejemplares de cactus originarios de todo el mundo. Los
hay de todo tipo y tamaño. Algunos parecen árboles y otros son realmente
diminutos. El paseo por el recinto es muy agradable y se completa con la visita
a un tradicional molino de gofio, perfectamente restaurado. Aquí también hay tienda y bar.
Siguiendo hacia el sur paramos en Teguise, la antigua
capital de la isla.
En Teguise parece que se paró el tiempo hace uno o dos siglos.
El núcleo de la villa está muy bien conservado y es muy agradable pasear por
sus calles y recorrer sus plazas. Se puede disfrutar de la arquitectura
tradicional, de sus tiendas de artesanía y si vas con más tiempo puedes subir a
visitar el castillo de Santa Bárbara, hoy convertido en Museo de la Piratería. http://www.museodelapirateria.com
Nuestro último destino en el plan de ruta estaba en el sur
de la isla, no muy lejos del puerto de Playa Blanca. Quería llevar a la familia
a que conociera el Lago de los Clicos, esa laguna de color verde ubicada junto
a una playa cerca de la localidad de El Golfo. Pero por desgracia la carretera
que accedía al lago estaba cortada y no había un lugar seguro donde poder dejar
el coche. Continuamos el camino sin intentar buscar otro acceso, quizás desde
El Golfo, no lo sé.
Continuamos hacia el sur, mirando el reloj para no perder el
ferry con destino a Fuerteventura.
Tras pasar por Los Hervideros y Las Salinas de Janubio
decidimos esperar la hora de salida del barco junto al faro Pechiguera, en el
extremo suroeste de la isla. Un lugar muy tranquilo desde el que se ve
perfectamente todo el norte de la isla de Fuerteventura.
Y tras doce horas en Lanzarote volvimos a “casa” a seguir
disfrutando de nuestras vacaciones de verano.
Por último me gustaría deciros que echéis un vistazo a
vuestro contrato de alquiler del coche antes de cambiar de isla. Nosotros
leímos, una vez entregado el coche el último día, que no podíamos viajar a otra
isla con el coche alquilado sin comunicarlo a la empresa propietaria del
vehículo. Por suerte no tuvimos ningún percance con el coche. De haberlo tenido
no sé muy bien si hubiéramos tenido algún problema con el seguro.
¡Esperamos que os haya gustado!